Daniel Viglietti – Al desamparo del juglar

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Daniel Viglietti – Al desamparo del juglar

Ismael Samandú – Reactiva contenidos – Columna de opinión

La impresión que varios tienen sobre Viglietti, por estos días, en que falleció, es similar a la que tienen de algunos monumentos. Los méritos que llevaron a que varias personas reconozcan la impotancia de la obra de Viglietti, han quedado ocultos detrás de, justamente, el tedio que produce la repetición de dichos reconocimientos.

En particular, para quienes vivimos nuestra adolescencia a partir de los años 90′ la figura de Viglietti puede parecer un tópico, es decir, algo que se vuelve trivial por lo repetitivo. O, igual de triste, una figura a quien admirar sin saber porqué, sino más bien siguiendo la corriente, o adhiriendo a un símbolo colectivo.
Queremos contarles algunas cosas, y repensar otras, para intentar compartir con ustedes en forma sincera, el motivo de la admiración y cariño que siempre tuvimos por él, y la tristeza y sensación de desamparo que sentimos ahora.
No queremos hablarles de su formación como concetista de guitarra clásica, o que fue locutor de radio durante algunos años. No queremos hablarles de cuando fue detenido y puesto en prisión, en 1972, y que se organizó una campaña internacional por su liberación, que fue encabezada por Jean Paul Sartre, François Mitterrand, Julio Cortázar y Oscar Niemeyer. Menos vamos a hablarles de su trabajo de investigación, documentación y difusión de los estilos musicales folklóricos de toda América Latina; o que durante su exilio, no compuso ninguna canción, y se dedicó a recorrer el mundo dando conciertos y denunciado a la dictadura uruguaya.
Ante todo, Viglietti asumió una causa y un compromiso que que sostuvo con hechos hasta el día de su muerte.
Mientras que hay artistas de discurso comprometido, que hacen más conciertos con entradas, que actuaciones solidarias, Viglietti hacía pocos conciertos, y participaba en muchas peñas y festivales solidarios. Se podría decir que si uno quería ir a ver a Viglietti, tenía mejores chances manteniendose al corriente de las movidas populares, en las que dos por tres había un festival en el que actuaba, que esperar a que diese un concierto. Incluso el material promocional de sus conciertos era bastante escaso y discreto.
Como artista, siempre le destinó más tiempo a conocer, apreciar y difundir la obra de otros artistas, que la suya.
Pero, ante todo, un artista se debe a su obra. Es la obra lo que diferencia al artista del hombre. Y en el caso de Viglietti, su obra es tan popular como refinada musicalmente, es de una claridad total, pero, lo que más llama la atención es lo sincero, directo y audaz de algunos de sus temas, fundamentalmente teniendo en cuenta el contexto en el que los compuso.
En un país bajo medidas prontas de seguridad, donde la policía reprimía las marchas con balas y gas lacrimógeno, con una inflación del 135%, y con una desocupación igual a la de la crisis del 2002, publicar una canción como “A desalambrar” era, no solo un acto de protesta solidario con los trabajadores y las clases populares, sino también ofrecer una consigna y una fuente de inspiración.
Pero más transgresor y jugado es aún el componer y publicar, tres años más tarde, ya con la dictadura casi encima, la canción “El chueco Maciel”. Y esto por varios motivos.
En lo artístico, porque es una canción rock, y el género todavía no había sido aceptado popularmente, y solo lo escuchaban los jóvenes.
En lo temático, porque homenajea y vindica a un delincuente, pero no un delincuente cualquiera.
Por aquellos días, el “chueco” Maciel era pintado por la prensa como un ladrón voraz, y un asesino desalmado. Pero además, había otra particularidad sobre la que hacía hincapié. Julio Maciel, que así se llamaba, comenzó sus atracos y robos siendo menor de edad. Cuando se lo detenía se lo trasladaba al hogar “Álvarez Cortés”, conocido como “El infierno”. Sin embargo, siempre lograba fugarse.
La prensa del momento agitó las monsergas que no ha cambiado al día de hoy. En aquella época a los menores infractores los llamaban “infanto-juveniles”, y también los pintaban como sádicos monstruos intocables en virtud de su edad, que entraban y salían de los centros de reclusión cuando les venía en gana.
Tal fue el ensañamiento de la prensa con Julio Maciel, y tal fue el temor que le infundió a la población, que la policía recibía denuncias de gente que, a la misma hora, en lugares muy distantes, había sido asaltada por el “chueco”, al cual reconocían por los identikits y fotos publicadas por la prensa.
Julio Maciel es muerto a balazos en junio de 1971 un enfrentamiento con la policía, mientras cubría la retirada de sus compañeros. Él les pide que huyan mientras él, solo, asume la tarea de cubrirlos.
Apenas unos meses después, Viglietti publica la canción en su homenaje, en un disco que titula “Canciones chuecas”.
En forma sencilla, poética y muy comprensible, describe la historia y el contexto que hacen que Julio se dedique a robos y atracos. En forma poética alude a su analfabetismo, y a lo primitivo y sincero de su carácter. También cuenta, en forma sucinta que el “chueco” comparte sus botines con sus vecinos y amigos.
Y sobre el final, lo convierte en un símolo en el cual cualquier integrante de la clase popular se podía identificar, una persona de paso dolido, torcido por la crueldad de la sociedad, y que, por su condición de torcido, puede luchar por ese destino que no se encuentra siguiendo derecho, sino torciendo el rumbo.
En el último verso, ofrece a quien lo cante, un verdadero canto de batalla “Con duras cadenas los pies todos juntos / hemos de vencer”.
Ni siquiera el grupo punk más audaz de finales de los 80′ logró tal nivel de transgresión en una canción, como lo hizo este culto y sencillo cantante de música popular.
Hoy, claramente, hay pocos artistas a los que les interese cantar y dar aliento e inspiración a quienes vivimos en las clases populares o marginales.
Y probablemente ninguno esté dispuesto a componer y sostener una canción equiparable a “El chueco Maciel”.
Y por eso es que nos sentimos un poco desamparados. Y lo decimos en serio, porque varias organizaciones sociales ya no podrán contar con este popular y comprometido juglar.

By | 2017-11-01T00:39:31+00:00 noviembre 1st, 2017|Opinión|0 Comments

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