Ser mujer en mi familia

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Ser mujer en mi familia

Ayer hablaba con mi padre y mi hermano, en medio de una conversación sobre feminismo, sobre la primera vez que me habían dicho algo en la calle, a modo de piropo incomprensible, les conté que llevaba túnica. Hicieron gestos de asco, no quisieron saber más sobre el tema. Ni de historias de violaciones, ni de historias de abusos, ni de golpes.

Mi familia es especial, es verdad. Me criaron en un “machismo amigable”, donde se me repetía todos los días que tenía que ser independiente para no pedirle nada a ningún tipo, pero también en un entorno donde ser mujer era un error, y tenía que ocultarlo, y taparme cuando anduviera en mi casa, en mi familia de hombres.
Con los hombres adultos, segurísimos de su posición cómoda, establecidos en su rol de todolopuedo, con los que están reacios a re-entender nuestras vidas como nosotras también lo hicimos, dudo que se pueda hacer algo. Son los mismos que se sensibilizan cuando les toca a ellos. Cuando violan o matan a su hija, o a la amiga de su hijo, o a su sobrina, o a su “mujer”. Cuando la agresión es hacia una niña, podemos escuchar, muy a menudo: “no che, con los hijos no”, “si me tocas a los pibes te rompo la cabeza”. Curioso. Porque con las mujeres, y en muchos casos las adolescentes, parecemos nosotras las culpables de las violaciones, y escuhamos “mirá como estaba vestida” de la misma persona que antes se ponía triste por una niña muerta. Valores de plástico.


Este estado patriarcal, que promueve en todos los aspectos de sus normativas, el desarrollo de una sociedad capitalista-salvaje, misógina y golpeadora, no nos protege. No impide. Fomenta. Los estados no hacen eso, porque son el reflejo de la burguesía, y no de la expresión popular autogestionaria.


No les servimos formadas, leídas, fuertes. Obvio que nos van a tildar de feminazis, obvio que vamos a generar un rechazo visceral. Estamos planteando rehacerlo todo, redefinirlo todo, para que ya no tengamos que llorar más niñas.

Mi hermano más chico, de doce años, no tolera si alguien le dice “llorás como una nenita”, o si se me escapa un ” este hijo de puta” me pregunta: “¿qué tiene que ver su madre?”. A sus doce años entiende perfectamente lo que es para una mujer andar caminando por la calle, él me vio a mi incontables veces pasar mal mientras andábamos juntos.
Mi hermano de doce años, no tolera la homofobia, ni la transfobia, tiene tanto amor acumulado en su pecho, que puede comerse el mundo.
Empecemos por ahí. Por los más chicos, por las más chicas. Vamos a cambiar tanto que no nos vamos a acordar del odio. Ya no vamos a llorar más niñas asesinadas, ya no vamos a llorar más mujeres violadas, ya no vamos a llorar más trata de blancas.
Qué lindo saber que vamos a estar vivas para verlo.

 

By | 2017-11-27T02:51:06+00:00 noviembre 27th, 2017|Opinión|0 Comments

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